Rina Morán, histórica locutora de Fontana Show y Rapidísimo, falleció a los 96 años.
La locutora Rina Morán, una de las voces más emblemáticas de la radiofonía argentina, falleció a los 96 años. Su trayectoria incluyó su labor en el icónico Fontana Show de Cacho Fontana, su interpretación de personajes en El Mundo de Mafalda y su participación en el legendario programa Rapidísimo, conducido por Héctor Larrea en Radio El Mundo y lego en Radio Rivadavia.
Desde Radio El Mundo donde inicio su carrera, destacamos su profesionalismo y legado: «Rina Morán fue una gloria de la radiofonía que dio prestigio a nuestra emisora. Expresamos nuestro pesar y hacemos llegar a sus familiares y seres queridos nuestro más sentido pésame”.
El arte corría por sus venas. Su padre, José Tresenza, era actor y formaba parte del elenco estable de Radio El Mundo, una emisora que replicaba la estructura de la BBC de Londres y que se convirtió en el hogar de la pequeña cuando apenas tenía siete años. Mientras otros niños jugaban en las plazas, ella aprendía a modular su voz y a dar los tonos justos bajo la dirección de grandes maestros como Idelfonso Rodríguez.
Debutó en los medios con tan solo ocho años en un radioteatro de Radio El Mundo, dirigida por su padre, José Tresenza, y supervisada por Armando Discépolo. A lo largo de su carrera, compartió el aire en Radio El Mundo con figuras como Niní Marshall, Luis Sandrini, Juan Domingo Perón y Edith Piaf.
Entre sus anécdotas, solía recordar con humor la «hinchada» que ella misma se armaba cuando trabajaba con Sandrini o la exigencia de vestimenta de gala para ver a Piaf en Radio El Mundo. También fue una de las voces del recordado aviso de la esponjita Periquita, junto a su partenaire Beba Vignola.
Rina Morán fue más que una locutora: fue una narradora de su tiempo. Vivió y relató momentos históricos, como cuando Juan Domingo Perón visitaba las emisoras y ella debía moderar el fervor de la audiencia. También estuvo allí cuando Edith Piaf, en su paso por Buenos Aires, exigió que quienes asistieran a su presentación en Radio El Mundo vistieran de gala. “Nos pusimos lo mejor que teníamos, aunque la radio fuera solo voz”, contaba Morán entre risas.
El humor y la ternura la acompañaron siempre. Con Luis Sandrini, por ejemplo, solía armar su propia “hinchada” de amigos para que rieran a carcajadas en los momentos clave de los sketches. También prestó su voz a uno de los jingles más recordados de la publicidad argentina: el de la esponjita Periquita, junto a Beba Vignola. Incluso, le puso la voz a Mafalda y a Manolito en la versión animada de Mafalda.
Años de micrófonos, voces inolvidables y un tiempo en el que la radio se vivía como un espectáculo en vivo. Así recuerda Julio Lagos la época en la que Rina Morán brilló en Radio El Mundo, cuando la emisora de Maipú 555 era un templo del sonido y el público asistía a las transmisiones como si fueran funciones de teatro.
“La mejor radio de la historia en la Argentina fue la Radio El Mundo del siglo pasado», afirmó Lagos con certeza en una charla exclusiva con Teleshow al conocer la noticia. Aquella radio donde, en los años ‘50, emergieron nuevas voces que con el tiempo reemplazarían a los grandes nombres de la locución y la conducción, como Juan Carlos Thorry o Julio César Barton. Entre esos jóvenes que redefinieron la radiofonía estaban Rafael Díaz Gallardo, Valentín Viloria y, por supuesto, Rina Morán.
Era la época en la que los locutores y locutoras no solo ponían su voz, sino también su presencia en cada transmisión. «Las mujeres vestían de largo, los hombres de smoking, y el estudio se transformaba en un salón de gala cuando aparecían figuras de la talla de Edith Piaf o Nat King Cole». Los oyentes podían ver en acción a sus ídolos, en un tiempo donde la radio en vivo competía con el cine y el teatro como opción de entretenimiento nocturno.
Pero más allá del brillo y la sofisticación de aquellos días, Julio atesora un recuerdo íntimo y personal de Rina. Compartieron una temporada de verano, y el último día que trabajaron juntos, ella le hizo un regalo inesperado: un pequeño muñeco de porcelana con la forma de un monje de mejillas regordetas, tapado con una tela atada con una soga, bebiendo de una jarra, presumiblemente de vino.
Aquel obsequio, aparentemente trivial, terminó ocupando un lugar especial en la vida de Lagos. “Ese recuerdo lo tengo en una vitrina junto con todos los premios recibidos, desde los Martín Fierro hasta el Premio Internacional de Periodismo Rey de España“, contó con emoción. Pero esta vez, ese pequeño monje dejó de ser solo una pieza decorativa. “Hoy abracé a ese muñequito y derramé una lágrima”.
Porque Rina no solo dejó su huella en los estudios de Radio El Mundo y Radio Rivadavia, sino también en el corazón de quienes compartieron el aire con ella. “Primero conquistó El Mundo y después Rivadavia. Sin dudas, Rina fue la radio“, concluyó Lagos, con la certeza de que su voz y su risa seguirán flotando en la memoria de la radiofonía argentina.